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29/8/26

La luz al final del túnel (1)

 Pedro Conde Sturla

El mismo día de la llegada del grupo de Gómez Ochoa a San Isidro, y después de haber sido sometido a una primera ronda de interrogatorios, se organizó una de esas farsas de mal gusto por radio y televisión que tendría como invitado al mismo comandante Ochoa. Sus declaraciones, la noche del 11 de julio, serían trascendentales, según se anunciaba en la prensa. Pero era todo un montaje, algo similar a lo que se había hecho anteriormente con Ventura Simó. Primero grabaron el audio y después las imágenes más o menos sincronizadas. Ochoa fingía que hablaba, movía los labios, pero el movimiento no se correspondía con el sonido. La calidad del montaje era deplorable, burda, y todo el mundo pudo darse cuenta.

21/8/26

Otros destinos, otros héroes (3): Pablito Mirabal


Pedro Conde Sturla

De entre todos los expedicionarios, el nombrado Pablito Mirabal (o mejor dicho Francisco de Pablo Mirabal Guerra), llamaba más que ninguno la atención. Dicen que hasta Ramfis le mostró simpatía, si acaso era capaz de hacerlo. Por lo menos en una ocasión se tomó en broma algo que a otra persona que no fuera Pablito Mirabal le hubiera costado caro. El hecho (que refiere César Saillant en sus Memorias), es el siguiente: Pablito había sido llevado en presencia de Ramfis y lo primero que se le ocurrió decir fue un atrevimiento, un doble atrevimiento:

15/8/26

Otros destinos, otros héroes (2): El grupo de Gómez Ochoa

Pedro Conde Sturla

El grupo de Gómez Ochoa había logrado eludir la persecución y el cerco y mantenerse unido por mayor tiempo que todos los demás. Incluso tuvo enfrentamientos en los que ocasionó perdidas sensibles al ejército de la bestia. Poco a poco, sin embargo, se fue disgregando y ya casi al final, es decir, unas tres semanas después del desembarco, se había reducido a unos cinco miembros.

8/8/26

Otros destinos, otros héroes: Mayobanex Vargas

Pedro Conde Sturla

No todos los expedicionarios perdieron la vida, como se sabe, aunque ninguno se libró de la tortura, del suplicio concienzudamente aplicado, de la afrenta y el ultraje y las cicatrices físicas y sicológicas que los dejaron marcados para siempre. Seis de ellos, quizás por milagro de la providencia, lograron sobrevivir, algunos vivieron largas vidas y por lo menos uno vive todavía. Y además todos, casualmente, pertenecían al grupo del comandante cubano Delio Gómez Ochoa, el único que todavía vive.

1/8/26

El destino de los héroes (2 de 2)

 Pedro Conde Sturla


Otro cronista que dejó un crudo testimonio de las torturas que se infligían a los presos durante la era gloriosa fue César Augusto Saillant Valverde. Este singular personaje, que vivió en la intimidad del régimen, fue secretario personal y taquígrafo y traductor de Ramfis Trujillo, y autor de un invaluable libro de memorias sobre los años finales de la tiranía: «Mis memorias junto a Ramfis Trujillo, 1957-1961».

En esas memorias son muchos los episodios de torturas que Saillant da a conocer con lujo de detalles y sin omitir los ilustres nombres de los torturadores. A él se le deben, entre muchas otras cosas, el conocimiento del martirio que infligieron a tres de los primeros presos del frente de Constanza: un venezolano llamado Edwin Erminy, un cubano llamado Enrique Betancourt Carril y el dominicano Héctor Mateo Calcagno. Todos ellos fueron capturados y sometidos a suplicio el mismo día.