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2/5/26

La repatriación armada (4) La raza inmortal

Pedro Conde Sturla

Había, entre ellos, hombres que en el alma llevaban un fuego redentor, luchadores de toda la vida, idealistas de pura ley, gente dispuesta a sacrificarlo todo, había aventureros, había extranjeros que habían hecho suya la causa de los dominicanos. Y había, como se sabe dominicanos, cubanos, venezolanos, puertorriqueños, españoles, guatemaltecos, nicaragüenses, norteamericanos. Había gente de todo el espectro político, incluyendo comunistas. Más de treinta miembros del Partido Socialista Popular (PSP) participaron en la contienda.

25/4/26

La repatriación armada (3) Ojos y oídos de la bestia

Pedro Conde Sturla

Todo marchaba, en apariencia, bien, salvo un pequeño detalle. Los servicios de inteligencia del imperio y de la bestia estaban al tanto de muchas cosas que debían haber sido secretas. Diariamente, o por lo menos con cierta frecuencia, llegaban al despacho de la bestia noticias frescas para sus oídos e incluso fotos para sus ojos. Fotos del campamento de Mil Cumbres. Noticias frescas y variadas. Igual había pasado con Cayo Confite y Luperón y con todos los movimientos conspirativos, a excepción del último. De hecho, el Movimiento de Liberación Dominicana, el MLD, estaba infiltrado. La expedición sufriría varios percances, pero también sabotajes.

18/4/26

La repatriación armada (2). El campamento de Rancho Mil Cumbres

Pedro Conde Sturla


Tal y como temía la bestia, los barbudos hicieron causa común con los grupos más radicales del exilio dominicano y muy pronto empezarían los preparativos para una nueva expedición armada, que esta vez contaría con el apoyo de Cuba y Venezuela, la más trágica y gloriosa expedición de todas.

10/4/26

La repatriación armada (1)

Pedro Conde Sturla

La bestia se enteró del derrocamiento y de la llegada del dictador Fulgencio Batista al país (día 1 de enero de 1959) cuando el avión en que viajaba pidió permiso para aterrizar en San Isidro. El dictador cubano había tenido que salir de Cuba a la carrera, sin mayor tiempo para planificar la aparatosa huida, debido a la intempestiva entrada de los barbudos de Fidel Castro en La Habana. Trujillo lo despreciaba y ahora tenía motivos para odiarlo. Se había dejado tumbar, era un blandengue, un cobarde, y se había dado a la fuga en vez de morir peleando, como hubiera hecho él. Su ingrata presencia le acarreó un amargo disgusto y una honda preocupación. Pensaba que la subida al poder de Fidel Castro no presagiaba nada bueno, y por supuesto, no se equivocaba.

28/3/26

Hojas de maple

Pedro Conde Sturla

Putita melancólica, das vueltas,
enseñando los senos azules,
mientras todos imaginan que te muerden

Topples. Otra vez topples en los infinitos bares de Montreal, topples en la puerta de entrada de aquellos bares de la calle Sherbrooke de Montreal. Los incontables bares de Montreal. Borrachos y drogadictos cayéndose a pedazos en las aceras, a veces arrinconados, ovillados juntos a la basura. Las luces mórbidas de Montreal, las calles espectrales de aquella época. Luces en agonía, desangeladas. Borrachos realengos y drogadictos tirados en las aceras de la interminable calle Sherwood de Montreal. Las noches largas de Montreal. El fugaz verano de Montreal.

20/3/26

Gracejo de la poesía

Pedro Conde Sturla

El caso es que a la hora señalada fuimos a buscar al poeta a la Colonia del Valle. Era un poeta inmenso, casi más ancho que largo, y prácticamente no cabía en el asiento trasero de mi Volkswagen blanco. Además, el poeta no estaba solo. Entró, ¡ay!, acompañado de uno de esos perfumes baratos que alguna gente usa para disimular los olores corporales, la falta de agua y jabón. Lo que quiero decir es que entró como quien dice en compañía de un desapacible aroma, de eso que García Márquez llama en un cuento memorable “el olor de la civilización”. Era, en ese sentido, muy civilizado el poeta.