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24/7/26

El destino de los héroes (1 de 2)

Pedro Conde Sturla

Uno se queda mirando las fotos de aquellos hombres, las contempla, no puede despegar la vista de ellas, no se cansa de verlas, se queda uno ensimismado largo rato, le parece ver ahora a la hilera de valientes en el momento en que se disponían a subir a sus embarcaciones o al avión y de repente siente que el corazón se encoge. Uno siente una pena, una desolación, se conmueve al cabo de tantos años por la suerte de esos héroes. Ahora sabe que sólo unos pocos lograron sobrevivir, lo sabe todo. Sabe que iban todos a la perdición. Ellos marchaban decididos, emocionados, poseídos por una fuerza y una voluntad y un optimismo viscerales, se embarcaban hacia el peor de los destinos y a pesar de eso quizás estaban alegres, confiaban en la victoria, reían quizás, hacían cuentos, cantaban para darse valor el himno nacional.

18/7/26

La esperanza truncada

Pedro Conde  Sturla 

La mayor parte de los expedicionarios no tuvo, por desgracia, la suerte de morir en combate o de ser fusilada. De los ciento noventa y ocho combatientes originales perecieron cincuenta y ocho en los enfrentamientos, unos treinta y tres fueron heridos y rematados y otros veintinueve capturados y ejecutados en situ. Los demás serían llevados a San Isidro o arrojados a las mazmorras de La 40 y El 9.

10/7/26

20 de junio de 1959: Estero Hondo

Pedro  Conde Sturla

La lancha Tínina, con sus cuarenta y ocho hombres apiñados en la cubierta y la cabina, se acercó a unos doscientos metros de la costa y se inició el desembarco. Era un lugar llamado Punta Rucia, situado en las inmediaciones de Estero Hondo, que comparte la misma franja costera.

3/7/26

Combate en Las Dos Hermanas

 Pedro Conde Sturla

Es difícil imaginar cómo pudieron resistir durante tanto tiempo los hombres del Carmen Elsa, aquellos cuarenta expedicionarios atrincherados en las cavidades y laderas del Peñón de Las Dos Hermanas. Lo cierto es que pocas veces se dio un combate tan fiero y tan intenso y tan desigual como el que libraron. Estaban prácticamente cercados. Los rodeaba un ejército de cientos de guardias, enfrentaron los cañones de una corbeta y un guardacostas, el fuego de artillería de las ametralladoras pesadas del ejército de la bestia y los persistentes bombardeos de los aviones de San Isidro. En contraste, los expedicionarios disparaban como se les enseñó a disparar en el entrenamiento, con gran economía de recursos, esporádicamente, sólo cuando tenían un blanco a la vista, porque el parque era escaso. Aun así, tres días y tres noches. combatieron. Combatieron sin tregua, sin descanso, probablemente sin comer ni dormir. Hicieron de tripas corazón, combatieron con arrojo hasta la última bala. Convirtieron el lugar en un santuario del valor y la resistencia.