Pedro Conde Sturla

La bestia se enteró del derrocamiento y de la llegada del dictador Fulgencio Batista al país (día 1 de enero de 1959) cuando el avión en que viajaba pidió permiso para aterrizar en San Isidro. El dictador cubano había tenido que salir de Cuba a la carrera, sin mayor tiempo para planificar la aparatosa huida, debido a la intempestiva entrada de los barbudos de Fidel Castro en La Habana. Trujillo lo despreciaba y ahora tenía motivos para odiarlo. Se había dejado tumbar, era un blandengue, un cobarde, y se había dado a la fuga en vez de morir peleando, como hubiera hecho él. Su ingrata presencia le acarreó un amargo disgusto y una honda preocupación. Pensaba que la subida al poder de Fidel Castro no presagiaba nada bueno, y por supuesto, no se equivocaba.








