Pedro Conde Sturla

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Las dos embarcaciones, escoltadas por las fragatas cubanas,se deslizaban en paralelo a la costa norte. Todo el litoral estaba custodiado por una fragata y un guardacostas de la marina de guerra dominicana, lo que indicaba que los servicios de inteligencia de la bestia y del imperio estaban advertidos. Tenían conocimiento de lo que se proponían los expedicionarios y en cualquier momento podía ocurrir un encuentro desagradable, como en efecto ocurrió más adelante.
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La lancha Tínina andaba en busca del yate Carmen Elsa, con el cual había perdido contacto, pero el reencuentro no se produciría sino hasta varios días después. El Carmen Elsa estaba perdido. Debía haber atracado en Sosúa, mientras la Tínina lo hacía en La Isabela, pero el yate Carmen Elsa, como ya se dijo, sufrió averías, es decir, fue averiada a propósito.
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Es muy poco lo que se sabe sobre los expedicionarios que desembarcaron en Maimón y Estero Hondo, aparte de unos cuantos episodios y el infausto final. A diferencia de los que vinieron por Constanza, ninguno de aquellos héroes (ciento cuarenta y cuatro en total), logró salir con vida y los diarios que pudieron haber escrito cayeron en manos del hijo de la bestia y de la misma bestia, de Johnny Abbes García y otros infames.
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La gente del veterano Delio Gómez Ochoa logró mantenerse unida y no sufrió bajas hasta varios días después del desembarco. Trataban obstinadamente de escabullirse y encontrar comida, pero los guardias los seguían de cerca, los campesinos los delataban y las bombas caían cerca. En una ocasión cayeron en un lugar en el que habían estado el día anterior y otras veces sobre los guardias y campesinos que los perseguían.
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La carencia de una base logística, de un frente interno como el que habían previsto los organizadores de Cayo Confites y Luperón, contribuyó sin duda al fracaso de los insurrectos, si acaso no hubieran fracasado de cualquier manera ante el despliegue multitudinario de fuerzas, la avalancha de guardias y civiles y el continuo bombardeo. Muy útil hubiera sido, sin embargo, contar con grupos clandestinos de apoyo, campesinos que les sirvieran de guía, que les proveyeran agua y comida y si era posible escondites. En esa carencia influyó quizás la prisa con que se organizó la expedición, al calor del triunfo de la revolución cubana, al calor del triunfalismo. Además, como decía Helmuth von Moltke,: “Ningún plan sobrevive al primer contacto con el enemigo». Por muy juiciosa y meticulosa que sea la preparación, el campo de batalla está repleto de factores imponderables.

En principio, el avión estaba supuesto a aterrizar en San Juan de la Maguana, pero Juan de Dios Ventura Simó lo desaconsejó. Ventura Simó viajaba como asesor, como ingeniero de vuelo por haber sido piloto de la Aviación Militar Dominicana (AMD) hasta el momento de su deserción dos meses atrás y por su mayor experiencia. Conocía los aeropuertos del país y, a su juicio, la pista de San Juan era demasiado corta y el avión llevaba mucho peso y muchos explosivos, lo que obligaba a un difícil y peligroso aterrizaje, con el riesgo de que la nave sufriera averías que le impidieran regresar a Cuba, como estaba previsto.
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| Delio Gómez Ochoa y Enrique Jimenez Moya |
El cargamento de armas para los rebeldes cubanos ya no sería necesario porque la revolución estaba por terminar. Serían otros rebeldes, probablemente dominicanos, los que les darían uso.
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