Pedro Conde Sturla

Uno se queda mirando las fotos de aquellos hombres, las contempla, no puede despegar la vista de ellas, no se cansa de verlas, se queda uno ensimismado largo rato, le parece ver ahora a la hilera de valientes en el momento en que se disponían a subir a sus embarcaciones o al avión y de repente siente que el corazón se encoge. Uno siente una pena, una desolación, se conmueve al cabo de tantos años por la suerte de esos héroes. Ahora sabe que sólo unos pocos lograron sobrevivir, lo sabe todo. Sabe que iban todos a la perdición. Ellos marchaban decididos, emocionados, poseídos por una fuerza y una voluntad y un optimismo viscerales, se embarcaban hacia el peor de los destinos y a pesar de eso quizás estaban alegres, confiaban en la victoria, reían quizás, hacían cuentos, cantaban para darse valor el himno nacional.








