Pedro Conde Sturla

Las dos embarcaciones se deslizaban en paralelo a la costa norte, escoltadas por las fragatas cubanas. Todo el litoral estaba custodiado por una fragata y un guardacostas de la marina de guerra dominicana, lo que indicaba que los servicios de inteligencia de la bestia y del imperio estaban advertidos. Tenían conocimiento de lo que se proponían los expedicionarios y en cualquier momento podía ocurrir un encuentro desagradable, como en efecto ocurrió más adelante.








