Pedro Conde Sturla

Los héroes de la raza inmortal no sólo dejaron un testimonio de valor y sacrificio sino también una lección de amor y apego familiar.
Entre los expedicionarios había obreros, había analfabetos, había profesionales de la medicina, odontólogos, abogados, había jóvenes de dieciséis y treinta años y hombres de mediana edad como Jiménez Moya, que con sus cuarenta y cinco era el mayor de todos.
Lo que los unía era el ideal libertario, la liberación de la patria, la ilusión de un régimen de justicia, pero también tenían en común el dolor del desprendimiento familiar, el dolor que causaban y causarían a sus familiares y amigos y el que se causaban a sí mismos. Un dolor tanto más acuciante por la incertidumbre que llevaba aparejada una empresa tan arriesgada.
Algunos se despidieron personalmente y otros prefirieron no hacerlo. Otros escribieron cartas manuscritas o a máquina en que expresaban sus sentimientos y que no se pueden leer sin advertir el desgarramiento. Son documentos que conmueven al más indiferente y que hoy se han convertido en monumentos nacionales, voces de amor y patriotismo, voces de amor filial y paternal, del mas entrañable apego familiar, de la más tierna despedida y determinación. Las voces de los héroes de la raza inmortal.Voces desde la eternidad.
Se escribieron o se conservan apenas cuatro cartas. De hecho, sólo unos pocos se animaron a escribir, pero esos pocos representan sin lugar a dudas a los demás. Dos de ellos eran miembros de la misma familia, el Dr.Antonio Mota Ricart (Tony) y el Dr. Octavio Mejía-Ricart Guzmán. Los dos restantes eran Juan Enrique Puigsubirá Miniño (Johnny) y Alfonso José Sintjago Flores, un venezolano.
En el citado libro de Anselmo Brache Batista (pgs. 339,349), la carta que ocupa el primer lugar es la de Antonio Mota Ricart a su madre, una carta breve y concisa con una introducción dura y desoladora en la que anuncia su muerte e implora su perdón: «Si alguna vez recibes esta carta, ya yo estaré muerto, y en este momento lo único que se me ocurre es pedirte perdón por todas las cosas que te he hecho».
Mota Ricart tenía en ese momento 24 años y recién se había graduado de abogado y era un firme creyente en la necesidad del sacrificio para librar al país del régimen de la bestia. Durante el duro entrenamiento militar en el campamento de Rancho Mil Cumbres empezó a tener problemas por tener los pies planos y estuvo a punto de ser excluido, pero su firme determinación se impuso. Nada le impediría participar y participó en la contienda con valor extraordinario. Fue uno de los que desembarcó por Maimón en el Yate Carmen Elsa y, a pesar de haber tomado parte en feroces enfrentamientos contra las tropas del régimen de la bestia, no tuvo la suerte de morir en el combate. Se cree que fue capturado vivo, quizá herido, y trasladado a San Isidro.
He aquí la carta de despedida que escribió a su madre:
Es preferible morir de pie
que vivir de rodillas.
José Martí
»Carta De Antonio Mota Ricart (tony)
a su Madre, Doña Angela
(Manuscrita)
Marzo 15, 1959.
«Mi querida mamá:
»Si alguna vez recibes esta carta, ya yo estaré muerto, y en este momento lo único que se me ocurre es pedirte perdón por todas las cosas que te he hecho.
»Lo único que te pido en este momento es que prosigas tu vida como si nada hubiera pasado, piensa que nada ni nadie es indispensable.
»Jamás pienses ni trates de echarle la culpa a nadie de lo que ha ocurrido, todo lo que he hecho, lo he hecho con los ojos abiertos y sabiendo que era casi seguro que me matarían.
»Pero a pesar de todo esto daría con gusto mi vida con tal de acabar con la maldición que pesa sobre S. D. desde hace 29 años.
»Si mi actitud les ocasiona algunos inconvenientes, sinceramente les pido perdón, pero cuando he visto a padres de familia que han abandonado hijos, mujer y todo, creo que jamás yo podría vivir tranquilo sin hacer lo mismo.
»Despídeme de papá y de toda la familia.
»Tu hijo que te adora y te pide la bendición.
»Tony
»P.D. Un abrazo para Jaime.*
*El hermano menor»
***
En esta carta, escrita sin ninguna duda con jirones del alma, Mota Ricart pide perdón y a la vez se justifica, pero también pretende algo imposible. Pedirle a su madre proseguir su «vida como si nada hubiera pasado» era pedirle demasiado a una madre desgarrada por la mas viva aflicción. Su vida, por supuesto, nunca volvería ser la misma. Por el contrario, Doña Angela convirtió su dolor en una cruzada para preservar en un lugar digno la memoria, objetos y documentos de los luchadores por la libertad. A ella se unieron Cristina Gautier, Luisa de Peña y Cristina Díaz y otras. El proyecto cristalizó, finalmente, con la inauguración del Museo Memorial de la Resistencia Dominicana el domingo 29 de mayo del año 2011. Un Museo Memorial de la Resistencia Dominicana, enclavado en el corazón de la zona colonial de Santo Domingo, que preserva el legado de nuestros héroes caídos. Un recuerdo del precio, el alto precio que se ha tenido que pagar para construir el país que somos.
***
La segunda misiva que aparece en la obra de Anselmo Brache, es la Juan Enrique Puigsubirá Miniño (Johny), una larga carta de despedida a sus padres. Pero Puigsubirá Miniño no sólo escribiría una carta, sino también un diario de campaña que ha sido publicado en un libro de setenta y dos páginas titulado «Inmolación: diario de campaña de un soldado de la libertad».
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| Ángela Ricart y su hijo Antonio |
Al decir de los editores «La expresión sencilla de Johnny, en su Diario, descubre el alma incontaminada de un joven soñador y valiente, observador, tierno en su recuerdo familiar y al mismo tiempo de un temple patriótico ejemplar, cuando acosado, en situación desesperada, afirma: “No hay ni que pensar en entregarse; esta no es una alternativa honrosa”».
El diario se extiende desde el 13 de junio de 1959, en vísperas del desembarco en Constanza, hasta el 4 de julio, el día en que se presume que cayó en combate, y es uno de los documentos más importantes para la historia de ese capítulo expedicionario.
Según dice Anselmo Brache, la preservación de los escritos de Puigsubirá Miniño se debe a los buenos oficios del entonces sargento Juan B. Rodríguez Beltré, quien fungía de secretario del general Mélido Marte en Constanza. Rodriguez Beltré ordenó y pasó las notas en limpio para un informe y se quedó con un ejemplar.
«Desaparecido el tirano e idos los Trujillo, hizo llegar la copia a su madre, de manera desinteresada, pero en forma anónima (se comprende) varios años después». (1)
La madre del héroe, Guillermina Miniño de Puigsubirá, comentaría el documento en un escrito titulado «Lágrimas de una madre», que no parece haber sido escrito con palabras, sino más bien con lágrimas de sangre. El más vivo ejemplo de un dolor lancinante.
«Aquí estoy, hijo, frente a tus páginas, tratando de ordenarlas. Pero he de comenzar, primero, por ordenar los latidos de mi corazón y cerrar la fuente de mis lágrimas. Apenas si puedo lograrlo; así es que empezaré a hilvanar estas ideas tras la cortina transparente de mi llanto.
(Fragmento)». (2) l
La repatriación armada (23)
(Historia criminal del trujillato[195])
Notas:
(1)Anselmo Brache Batista, «Constanza, Maimón y Estero Hondo: Testimonios e investigación sobre los acontecimientos», p. p.350
(2) Ibid.

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