Pedro Conde Sturla
La gente del veterano Delio Gómez Ochoa logró mantenerse unida y no sufrió bajas hasta varios días después del desembarco. Trataban obstinadamente de escabullirse y encontrar comida, pero los guardias los seguían de cerca, los campesinos los delataban y las bombas caían cerca. En una ocasión cayeron en un lugar en el que habían estado el día anterior y otras veces sobre los guardias y campesinos que los perseguían.
«El 30 fueron detectados, cercados y atacados por descuidos de los dos postas; el grupo tuvo un herido que fue dejado atrás, al que remataron las tropas trujillistas.Tras este combate, el grupo se dispersó totalmente: Delio Gómez Ochoa quedó con 10 expedicionarios; Juan E. Puigsubirá (Johnny) con 2 más; el capitán cubano José Luis Calleja con otros dos; Mayobanex Vargas quedó aislado y tomó el rumbo hacia los predios de su padre. El 1ro. de julio, el hambre obligó a Delio Gómez Ochoa a procurar comida con un campesino que lo engañó y llevó a una emboscada, en la que cayeron prisioneros Miguel Ángel Feliú (Miguelucho), participante en las expediciones de Cayo Confite y Luperón, y dos más que fueron llevados a Constanza y fusilados por el general Mélido Marte en el aeropuerto». (1)
Juan de Dios Ventura no sería el único al que Ramfis Trujillo daría una macabra bienvenida. Quizás la mayoría de los prisioneros que fueron enviados a San Isidro pasaron por sus manos, pero muy pocos tuvieron la mala suerte de verse con él por segunda vez, como le sucedió a Miguelucho, uno de los más emblemáticos insurrectos. El más reincidente de todos.
Miguelucho había tomado parte en la frustrada expedición de Cayo Confites,y era uno de los sobrevivientes de Luperón. Pero para Miguelucho —Miguel Ángel Feliu Arzeno—, ni su participación en la expedición de Cayo Confites ni en la de Luperón sería suficiente. A Miguel Ángel Feliu Arzeno, hombre de un increíble temple libertario, se le quedaron las ganas, la rabia y las ganas de volver a combatir contra el tirano y volvió, esta vez para siempre.
Miguelucho fue apresado y torturado, insultado, vejado, como la mayoría de sus compañeros de lucha, pero no fue doblegado. Nunca se doblegó. No se doblegaría. Nada haría mella en su espíritu invencible.
Ese era el temple de los hombres de la raza inmortal.
Dicen que los esbirros —los sicarios y torturadores de esa caverna de horrores que ha sido la base Aérea de San Isidro—, lo llevaron a empujones, a culatazos, probablemente arrastrándolo. Dicen que lo llevaron sangrando, malherido (tal vez magullado o machucado de pies a cabeza), en presencia del hijo preferido de la bestia, el degenerado, el sicópata llamado Ramfis Trujillo, y dicen que Ramfis le dijo en tono de sorna: “Miguelucho ¿tú otra vez?”.
Dicen que Miguelucho respondió que sí, que respondió con valentía, o más bien en forma temeraria. Dijo que sí, que había vuelto y que de nuevo volvería si lo soltaban, que volvería para eliminar a la bestia. Que volvería «de nuevo para matar a ese perro». (2)
En los días que siguieron a su captura y la dispersión del grupo de Gómez Ochoa las cosas fueron de mal en peor.
«El 3 de julio, Mayobanex Vargas llegó a la finca de su padre y se entregó al general Juan Tomás Díaz. Ese mismo día, el grupo de Delio Gómez Ochoa fue nuevamente emboscado en un conuco en el que buscaban comida; Rinaldo Sintjago Pou quedó herido y fue rematado; Gonzalo Almonte Pacheco quedó aislado y fue apresado. El pequeño grupo de Johnny Pugsubirá fue apresado: a él lo ejecutaron en el lugar, y a los otros 2 compañeros los trasladaron a la Base Aérea de San Isidro». (3)
Finalmente el grupo de Gómez Ochoa se redujo a unos seis expedicionarios que luchaban básicamente por no dejarse atrapar y por encontrar comida. Pero todo fue inútil. El agotamiento y el hambre quebraron la recia voluntad de aquellos hombres:
«El 10 de julio, Poncio Pou Saleta y Medardo García Germán, tras negociaciones con un sacerdote, se rindieron. Al día siguiente, 11 de julio, Delio Gómez Ochoa, Frank López y Pablito Mirabal, descubiertos por perros sabuesos, igualmente se rindieron ante la seguridad de que se respetarían sus vidas». (4)
En fin, al cabo de veintisiete días de lucha por la mera supervivencia, los hombres de Constanza (y la esperanza que con ellos venía aparejada), habían sido muertos y en su mayoría capturados. Habían sucumbido a veintisiete días sin tregua y sin reposo, a las punzadas del hambre y a la falta de sueño de seguro, a los incesantes bombardeos, a la inmisericorde cacería humana.
«En ese momento había 7 expedicionarios sobrevivientes que quedaron reducidos a 6, cuando el teniente cubano Frank Eberto López fue obligado a llevar al ejército a buscar armas y municiones que había dejado enterradas en las montañas. Puesto que estaba en esa tarea y no pudo ser presentado a la prensa internacional junto a sus otros compañeros, Ramfis Trujillo ordenó que fuera torturado y asesinado. Los 6 sobrevivientes de la gesta de Constanza fueron: Delio Gómez Ochoa, Poncio Pou Saleta, Mayobanex Vargas, Francisco Medardo Germán, Pablito Mirabal y Gonzalo Almonte Pacheco (luego asesinado en La 40 al ser reapresado tras su indulto en febrero de 1960)». (5)
Uno de los sobrevivientes, el cubano Pablito Mirabal, era casi un niño y había venido bajo la tutela de Delio Gómez Ochoa, un héroe nacional que ostenta el rango de general de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Cubanas y vive en Santo Domingo.
Al parecer la madre de Pablito había muerto o lo había abandonado y Delio Gómez Ochoa lo acogió a su cuidado. El hecho es que empezó su carrera de guerrillero cuando apenas tenía catorce o quizás quince años y se destacó como combatiente en Sierra Maestra. Sin embargo, no se suponía que iba a formar parte de los expedicionarios que vinieron por Constanza. Se metió al avión de forma clandestina poco antes del despegue, y en los días siguientes demostraría ser un certero tirador.
Tras la captura, las horribles torturas que sufrió en el torturadero de La 40 afectaron supuestamente su cordura y fue enviado al manicomio, que dirigía el Dr. Antonio Zaglul. También circulaba la versión de que el mismo Dr. Zaglul lo hizo pasar por loco para salvarle la vida. Salvarlo de las imprudencias que decía.
A su regreso a Cuba se convirtió en oficial del ejército cubano y tuvo una muerte imprevista y a destiempo, una muerte kafkiana, a los veinticinco años de edad, al ser alcanzado por un rayo mientras se encontraba en un parque con su novia.
(Historia criminal del trujillato [182])
Bibliografía.
Robert D. Crassweller, «The life and times of a caribbean dictator».
Emilio Cordero Michel, «Las Expediciones de Junio de 1959».
Notas:
(1) Emilio Cordero Michel, «Las Expediciones de Junio de 1959», p. 118
(2) Juan Acosta, “Miguelucho Feliú es recordado como héroe de Luperón”, (https://noticiashoraxhora.com/lo-que-esta-pasando/miguelucho-feliu-es-recordado-como-heroe-de-luperon-y-del-1959/)
(3) Emilio Cordero Michel, op. Cit., p.118
(4) Ibid.
(5) Ibid

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