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25/4/26

La repatriación armada (3) Ojos y oídos de la bestia

Pedro Conde Sturla

Todo marchaba, en apariencia, bien, salvo un pequeño detalle. Los servicios de inteligencia del imperio y de la bestia estaban al tanto de muchas cosas que debían haber sido secretas. Diariamente, o por lo menos con cierta frecuencia, llegaban al despacho de la bestia noticias frescas para sus oídos e incluso fotos para sus ojos. Fotos del campamento de Mil Cumbres. Noticias frescas y variadas. Igual había pasado con Cayo Confite y Luperón y con todos los movimientos conspirativos, a excepción del último. De hecho, el Movimiento de Liberación Dominicana, el MLD, estaba infiltrado. La expedición sufriría varios percances, pero también sabotajes.


Dice Crassweller que los servicios de inteligencia de la bestia (sumados por supuesto a los del imperio), llegaron a penetrar tan eficazmente al ejército insurgente que incluso durante las operaciones de desembarco estaban en control de las comunicaciones, monitoreándolas sin perder palabra.
Una opinión parecida, en relación a los planes tácticos del MLD sostiene Cordero Michel:
«Naturalmente, estos planes tácticos debían realizarse con la mayor discreción para poder sorprender a Trujillo. Sin embargo, el secreto no primó en 1959, como tampoco con el intento de Manuel Batista en 1958; de Luperón en 1949, ni de Cayo Confites, en 1957, y en Nueva York, Caracas, Puerto Rico y La Habana, se hablaba por los codos de los preparativos militares.

»Los que partían hacia La Habana a enrolarse al ELD para iniciar el entrenamiento militar, lo hacían de manera descubierta y hasta con orgullosa indiscreción. Trujillo, a través del SIM, de sus agentes no incorporados a ese servicio, del Departamento de Estado de los Estados Unidos y de comandantes cubanos vendidos y ya en franca conspiración contra la Revolución Cubana, estaba al tanto de todo. En efecto, ya desde el mes de abril, Trujillo conocía todos los planes, los nombres de los que se entrenaban y hasta tenía algunas fotografías tomadas en Mil Cumbres». (1)

Dice Cordero Michel que comandantes como Pedro Díaz Lanz, jefe de la Fuerza Aérea Revolucionaria de Cuba, se contaban entre los informantes. Díaz Lanz había traicionado a la revolución y se había vendido al tirano, al que proporcionaba las más valiosas informaciones.

Otros comandantes también traicionaron la revolución y se convirtieron en informantes de la bestia y del imperio, se vendieron al tirano. Dos de los más notorios fueron el español Eloy Gutiérrez Menoyo y el aventurero norteamericano William Morgan (el segundo de Menoyo) los muy conocidos «come vacas del Escambray», dos comandantes a quienes el Che Guevara llamaba cuatreros por su costumbre de robar ganado y exigir «impuesto revolucionario» a los campesinos.

En opinión de Crassweller, Morgan era un soldado de fortuna sin ideales, alguien que sólo creía en el dinero, y Gutiérrez Menoyo no era muy diferente.

La bellaquería de estos personajes, notablemente famosos en esa época, no tenía límites.
«Ahora, —dice Crassweller- solo dos meses después de la caída de La Habana, estos dos ofrecieron cambiar de bando y derrocar al régimen de Castro, en concierto con Trujillo. Por un millón de dólares lanzarían su propio levantamiento, usando a sus luchadores de Escambray como núcleo. Trujillo elaboró un plan, vasto y engorroso, con un agente de Morgan. Se convocó a más de cuarenta grupos cubanos anti-castristas para colaborar en el intento, así como a exiliados cubanos en la República Dominicana y a la Legión Extranjera Dominicana.

»A Johnny Abbes se le dio el mando de todo el procedimiento. La suma de 500.000 dólares se pagó a Morgan, y el resto llegó una semana antes del levantamiento prometido en Cuba, y el dinero de los gastos se derramó en enormes cantidades». (2)

Al final, tanto dispendio y tanto esfuerzo no sirvieron para nada. No hicieron mella al régimen revolucionario. William Morgan, por cierto, fue fusilado por traidor en 1961. Gutiérrez Menoyo, por razones parecidas, fue condenado a treinta años de prisión, pero lo liberaron a los siete, gracias a los buenos oficios del presidente español Felipe González.

Cordero Michel también menciona como traidores a «Stelio Bellelis Constantin Theodorakis, quienes ya el 8 de abril de 1959 habían informado al Primer Secretario de la Embajada de los Estados Unidos en La Habana, John L. Topping y al periodista de la Columbia Broadcasting System (CBS), Stuart Novins, que dentro de pocas semanas saldríauna expedición hacia República Dominicana en dos naves, en las que ellos irían. Dicho Stelio Bellelis fue el capitán del yate Carmen Elsa y el causante del trágico drama en que concluyeron los desembarcos de Maimón y Estero Hondo, seis días después del de Constanza por lo que se rumoró en Cuba que ambos fueron fusilados…». (3)

De hecho, había informantes a granel, informantes al por mayor y al detalles. Los había, como dice Cordero Michell, hasta en las propias filas de los expedicionarios, entre los que participaron en los más rudos entrenamientos. Infiltrados que se disimulaban, se camuflaban, que fingían sentir el mayor fervor revolucionario. Cordero Michel menciona a los miembros de un grupo que, «a última hora, el 7 de junio, decidieron en Cienaguillas, cerca de Holguín, no formar parte de las expediciones». Abandonaron la empresa después de cumplir con su nefasta labor de espías, espías y traidores.

«Tan infiltrado tenía Trujillo el ELD, que el jefe del SIM vivía informándole fechas en que ocurrirían los desembarcos. Lógicamente, el tirano se preparaba, acuartelaba soldados, movilizaba tropas. El que lea las Memorias de Cesar A. Saillant Valverde comprenderá el estado de alerta en que estaba Trujillo, en base a las informaciones constantes que recibía por muy diversos canales. Quien igualmente consulte los documentos de los Archivos Nacionales de los Estados Unidos, podrá comprobar que, desde el 30 de diciembre de 1958, el embajador Farland informaba al Departamento de Estado que Trujillo tenía conocimiento de que dos semanas antes Castro había concertado los planes preliminares con la UPD y Enrique Jimenes Moya para organizar una expedición para derrocarlo. Puesto que Trujillo tenía agentes cabilderos y protectores en Washington y todavía no había sido desahuciado por el Departamento de Estado, esas informaciones le fueron transmitidas». (4)

(Historia criminal del trujillato [176])

Bibliografía

Robert D. Crassweller, «The life and times of a caribbean dictator».                           

Notas:

(1) Emilio Cordero Michel, «Las Expediciones de Junio de 1959», p. 108

(2) Robert D. Crassweller, «The life and times of a caribbean dictator», pags. 149,150.
(3) Emilio Cordero Michel, op.cit.,p.109
(4) Emilio Cordero Michel, op.cit.,p. 110 

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