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3/7/26

Combate en Las Dos Hermanas

 Pedro Conde Sturla

Es difícil imaginar cómo pudieron resistir durante tanto tiempo los hombres del Carmen Elsa, aquellos cuarenta expedicionarios atrincherados en las cavidades y laderas del Peñón de Las Dos Hermanas. Lo cierto es que pocas veces se dio un combate tan fiero y tan intenso y tan desigual como el que libraron. Estaban prácticamente cercados. Los rodeaba un ejército de cientos de guardias, enfrentaron los cañones de una corbeta y un guardacostas, el fuego de artillería de las ametralladoras pesadas del ejército de la bestia y los persistentes bombardeos de los aviones de San Isidro. En contraste, los expedicionarios disparaban como se les enseñó a disparar en el entrenamiento, con gran economía de recursos, esporádicamente, sólo cuando tenían un blanco a la vista, porque el parque era escaso. Aun así, tres días y tres noches. combatieron. Combatieron sin tregua, sin descanso, probablemente sin comer ni dormir. Hicieron de tripas corazón, combatieron con arrojo hasta la última bala. Convirtieron el lugar en un santuario del valor y la resistencia.
«La ferocidad de los bombarderos de la AMD fue tal, que todas las rocas de la zona quedaron calcinadas, y los árboles, matojos y pastos fueron reducidos a cenizas. Incluso una escuadrilla llegó a ametrallar y bombardear el poblado y la playa de Sosúa, según consta en el Despacho Semanal No. 50 del embajador de los Estados Unidos, Joseph Farland, fechado el 31 de julio de 1959, en el que participó al Departamento de Estado que el jefe del MAAG, en un viaje que realizó a Sosúa, confirmó que había sido ametrallada y bombardeada durante las expediciones de junio, pudiendo observar los daños causados por las bombas, así como fragmentos de las mismas. En comunicación anterior, de Harry Lofton, segundo secretario de la Embajada de los EUA, se informó, con amplitud de detalles y declaraciones de testigos, el ametrallamiento y bombardeo de dicha población y playa». (1)


Sorprendentemente, el número de bajas fue relativamente reducido. De los noventa y seis integrantes del Yate Carmen Elsa quedaron vivos unos sesenta, entre los cuales, por supuesto, había heridos y mal heridos. Los más afortunados fueron rematados o asesinados en el lugar. Los demás serían enviados a San Isidro, entregados a los torturadores y finalmente ejecutados cuando ya casi no eran gente, cuando ya habían sido reducidos a guiñapos humanos, sin uñas a veces y sin dientes, sin voluntad de vivir… A José Messón Acosta, el desertor de la marina, le iría peor que a ninguno. 

Messón fue brutalmente torturado, más aún que los demás. Una famosa foto suya, sentado en la silla eléctrica —con el corpulento cuerpo estremecido y los ojos casi brotados del dolor—, es el más vivo testimonio de su calvario.

Lo sorprendente es que algunos pequeños grupos de insurgentes lograron burlar el cerco y dispersarse, tratando de ganar altura en dirección a la Cordillerra Septentrional. Algunos andaban solos y otros en parejas y durante varias semanas merodearon por los montes. De alguna manera evadían la persecución, se alimentaban de lo que encontraron, buscaban comida y cobijo. Dice Emilio Cordero Michel que «deambularon por los montes de Imbert, Altamira, El Cupey, La Tasajera, Río Grande, El Mamey y otros lugares al sur de Maimón, pero la persecución, el hambre y el agotamiento físico los fue debilitando hasta dejarlos exhaustos y ser aprisionados; otros, los menos, cayeron en emboscadas y murieron en combate. Todavía a finales de agosto y mediados de septiembre, en el llamado Cafetal de Ventura, por la Loma de La Tasajera, al noreste de El Mamey, quedaban 6 expedicionarios, que fueron muertos en emboscadas, apresados y fusilados en el lugar» (2).

Dos de ellos, un norteamericano y un español, estuvieron burlando la persecución hasta septiembre, dieron la pelea por más tiempo de lo que parecía posible. El norteamericano era un veterano de la Guerra de Corea y se llamaba Larry Broving. El español era Francisco Álvarez, uno que fue capturado apenas en septiembre, es decir casi tres meses después del desembarco del Carmen Elsa. Ambos fueron, por supuesto, torturados y ejecutados en el lugar. Serían los últimos guerrilleros de la gesta libertaria.

La lista (lamentablemente incompleta) de los hombres que en esa empresa ofrendaron sus vidas permanece como un timbre de honor, un símbolo patrio de entrega y sacrificio.

Lancha Carmen Elsa
Rodríguez Vázquez, José Horacio
Messón Acosta, José
Agosto Concepción, Moisés Rubén (puertorriqueño)
Almonte Fernández, Silvio Rafael
Alvarez Martínez, Franciso (El Relámpago) (español)
Alvarez Fadul, Miguel
Amarante Sevillano, Miguel Jacobo
Arrechedera Rodríguez, Rafael (venezolano)
Asencio Valverde, Ramón José Sebastián
Avila Pilier, Diego
Báez y Báez, Alejandro
Belliard Sosa, Enrique
Bencosme García, Toribio
Bergés, José Fabio (Grillito)
Bevins, Larry (Beebe) (norteamericano)
Bonilla Aibar, Pedro Julián
Cabrera Martínez, Domingo
Camacho, Julio (venezolano)
Capellán Cabrera, Juan
Castillo Cruz, Julio César
Cestero Martínez, Fernando (Chichí)
Cordero Michel, José Ramón Enrique
De Castro Sánchez, Ramón Anibal
Del Castillo Díaz, Jesús Bienvenido
Delgado López, Manuel (Chiquitín)
Del Giudice Herrera, Héctor Emilio
Del Orbe, Manuel José
Dohse Jorge, Augusto Eufemio (Buby)
Domínguez López, Silvio Augusto
Ducoudray Mansfield, Guillermo Eustaquio (Pachucho)
Durán García, Julio Raúl
Fernández-Mármol Pérez, Gabriel Emilio (Pipí)
Figueroa Reyes, Juan Domingo
Fuertes Duarte, Bienvenido Herminio
García Bencosme, Ercilio (Cilo)
Genao Espaillat, José Freddy
Guerra Aponte, Freddy
Godoy, Fernando
González Castellano, Luís (El Indio) (cubano)
Grullón González, Eugenio Antonio
Grullón Martínez, Francisco José (Frank)
Hernández, Generoso (venezolano)
Hernández González, Nelson Andrés (venezolano)
Ildefonso Cordero, Sergio Manuel (Caporí)
Larancuent Rijo, César Federico
Lora Martínez, José Caonabo
Martínez Hernández, Conrrado (Hernández de Padua Corrado)
Martínez Saviñón, Eduardo Salvador (Paleco)
Mateo Adames, Juan José
Medina Rosales, Luís Alfonso (venezolano)
Mendoza, Danilo Antonio (Sandino)
Mota Ricard, Antonio (Tony)
Padilla Hernández, Guillermo
Patiño Martinez, Gustavo Adolfo (Niñí)
Paulino Estrella, Ramón (Fefo)
Peña González, José Manuel Ramón (Cuco)
Pérez Rodríguez, Andrés Emilio
Pichardo Caminada, Roberto P. (cubano)
Pichardo Saldaña, Lucas J.
Puello, José Antonio
Quezada, Luís Rafael (Lulú)
Ramírez Domínguez, Rafael
Ramírez Guzmán, Ramón Aquiles (Quilito)
Ramos Reyes, Luís O. (puertorriqueño)
Ravelo Ramírez, Sócrates
Rey Vásquez, Rubén
Ripol, Herminio (Mincho y Millo)
Rizek Bergés, Saturnino (Nino)
Rivera, Víctor
Rodríguez Pérez, Aldo (cubano)
Rodríguez Santos, William
Roland Pérez, José Andrés
Sánchez Pérez, José Antonio (cubano)
Santana Read, Andrés (Tontón)
Suárez Suárez, Ramón Alfonso
Tavárez García, José
Urtarte Schaffers, Juan Emiliano
Valdez Borges, Danilo
Vassallo Alfonso, Ricardo (cubano).

La repatriación armada (13)
(Historia criminal del trujillato[185])
Notas:
(1) Emilio Cordero Michel, «Las Expediciones de Junio de 1959», pgs.125, 126
(2) Ibid.


1 comentario:

  1. Frente a esta historia de horror y valentía, es una vergüenza que en nuestra patria quiera gobernar un nieto de Trujillo que dice que su abuela fue un gran ser humano.

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