Pedro Conde Sturla
29 marzo, 2025

Cuando Galíndez recuperó la lucidez tenía 41 años de edad y estaba en el infierno, un infierno llamado Hacienda María donde sufriría todos los horrores que es posible imaginar. Estaba en manos de la bestia, la bestia que lo encaraba y lo encuadraba, la bestia con sus ojos de fiera, su retorcida sonrisa de hiena. La bestia que lo devoraba con la mirada, como hacen las lechuzas con sus presas.